Al observar una foto de mi primer azulejo pintado con engobes y analizar la geometría trazada en él, la imagen comienza a evolucionar como una pieza tridimensional.
De pronto, los cuatro cuadrados se reducen a dos, donde el lleno y el vacío adquieren igual relevancia. El resultado es un juego en el que las cuatro piezas resultantes pueden disponerse en numerosas combinaciones, creando distintos paisajes marinos.
A partir de dos cuadrados de cerámica divididos, surge un universo de posibilidades para la creación de paisajes marinos, jugando con el lleno y el vacío, y explorando tanto superficies planas como volúmenes tridimensionales.
La interacción entre las piezas genera una diversidad de composiciones casi infinita, invitando a una experiencia personal y creativa.
Este es el escenario donde ocurre la transformación..