La forma de la obra surge de un diálogo entre materia, vacío y luz. Las cavidades que atraviesan la escultura permiten que la luz revele la profundidad de la forma y active su espacio interior.
Su apariencia biomórfica parece surgir de un territorio intermedio entre formas vegetales, animales y humanas. Al mismo tiempo, sus superficies evocan la erosión de la roca, situando la obra en un punto de encuentro entre lo orgánico y lo inorgánico.
Concebida en relación con la idea de “Fukuruma”, la escultura evoca una interioridad contenida. Remite sutilmente a las figuras tradicionales asociadas a una presencia sabia, donde el conocimiento y la fortuna no se presentan como algo fijo, sino como elementos que se expanden y multiplican a través de sucesivas capas interiores.
La obra está realizada en gres negro chamotado (chamota 0–0,2 mm), modelado manualmente y posteriormente vaciado para permitir su cocción. La presencia de la chamota aporta textura y estabilidad estructural, reforzando el carácter material de la escultura.






















