La forma de la obra surge del diálogo entre materia y vacío. La luz que atraviesa su interior revela lo invisible.
La escultura está compuesta por tres elementos independientes que se superponen verticalmente formando una estructura ensamblada. Esta configuración permite diferentes posiciones de equilibrio, posibilitando distintas formas de presentación de la obra y sugiriendo un estado de transformación constante.
Su apariencia biomórfica parece surgir de un territorio intermedio entre lo vegetal, lo animal y lo humano. Al mismo tiempo, sus superficies evocan la erosión de la roca, situando la obra en un punto de encuentro entre lo orgánico y lo inorgánico.
La obra está realizada en gres negro chamotado (chamota 0–1 mm), modelado manualmente y posteriormente vaciado para permitir su cocción. La presencia de la chamota aporta textura y estabilidad estructural, reforzando el carácter material de la escultura.























